Aquel viaje a la perfección casi acaba con nosotros

Aquel viaje a la perfección casi acaba con nosotros
Sep

7

2015

Aquel viaje a la perfección casi acaba con nosotros

Leía hace unos días un fantástico post en el periódico El País titulado El cocinero que pasó de las estrellas. La historia de Miquel Ruiz es un ejemplo que viene muy a cuento para reflexionar sobre la cara oscura del éxito. Nada más abrir su restaurante La Seu en Moraira  ya recibió su primera estrella Michelín.

“Aquel viaje a la perfección casi acaba con nosotros”

Sin embargo, lejos de suponer una alegría, esa estrella Michelín empezó a pasar factura a Miquel y su familia. Tan fue así que en un momento determinado decidieron renunciar y volver a conectarse con su esencia. Abandonó su proyecto y abrió un pequeño local llamado El Baret de Miquel, esta vez en Denia, alejándose del mundanal ruido gastronómico.

Su pasión es cocinar, su satisfacción la gratitud de sus comensales y su premio la libertad de hacer las cosas a su manera y a su ritmo (cierran todos los meses de agosto).

El precio a pagar por estar en un lugar tan deseado, por saborear las mieles de la fama y por la persecución incesante de la perfección lleva consigo siempre un alto peaje que en el caso de Miquel y su familia, era un precio muy elevado. Y es que en ese viaje trepidante hacia el éxito en muchas ocasiones se dejan de lado los valores más esenciales de cada uno. Y cuando uno no es fiel a su esencia, el precio que termina pagando es muy elevado. Y no solo los valores se dejan de lado. También la salud se resiente.

Y da igual el contexto profesional del que hablemos. El éxito que se vende en la sociedad actual tiene mucho que ver con la comparación con otros, con establecer dudosos rankings para tener más visibilidad, pero pocos tienen que ver con el progreso personal, con el afán de superación y con la coherencia entre la filosofía de vida que quieres tener y los comportamientos diarios.

“Siempre en la cocina, pero sin perder la cabeza por competir con nadie más que con uno mismo”. 

El ejemplo de Miquel es un aviso a navegantes. Cocineros, artistas, deportistas, o profesionales de primer nivel. Da lo mismo. Cuando no se es fiel a la esencia, cuando se pierde la conexión con lo más íntimo de cada uno, el personaje se come a la persona.

El éxito del personaje nada tiene que ver con el éxito de la persona. La manera de deslumbrar encima de un escenario se puede transformar en mediocridad al bajarse de el.

El ejemplo de Miquel es de una gran utilidad para reflexionar acerca de la importancia de equilibrar ambos planos. Porque el ejemplo de El baret de Miquel nos da las claves:

  • Ir a la esencia, sin artificios, sin nada que sobre. Centrado en lo importante.
  • Ser inflexible con las líneas que no deben ser cruzadas.
  • Saber hacer con cariño aquello que nos hace felices.
  • Reconocer el premio en la satisfacción personal y no perder el foco de lo realmente importante: los valores.
  1. OK. Álvaro Trabajamos para poder vivir, no vivimos para trabajar, aunque un famoso deportista( de color para dar alguna pista ), dijo una vez que trabaja como un negro para poder vivir como un blanco.
    Humanidad, honestidad, ética, bondad, compasión… son valores que a veces escasean, aunque si escarbamos un poco, acaban aflorando si se vuelve a encontrar el norte.
    Te deseo una buena semana.
    Un abrazo

  2. «Cuando no se es fiel a la esencia, cuando se pierde la conexión con lo más íntimo de cada uno, el personaje se come a la persona»

    Simplemente, gracias.

  3. La vanidad y la autocomplacencia nos suelen acompañar a lo largo de la vida y no es fácil alejarse de ellas.
    Cuando éstas son además reforzadas (más bien mal usadas) por alguien, que generalmente lo hace en beneficio propio, acaban, en muchas ocasiones, convirtiendo a la persona en el perfecto estúpido que sólo sabe mirar hacia adentro.
    Gracias por el instructivo post. Un abrazo

  4. Julio sandoval Says:
    septiembre 7, 2015 at 4:29 pm

    Estimado Álvaro, que importante es no perder el foco, y eso se logra solo con los pies muy puestos en la tierra, aferrándote a tu esencia, estando en contacto con tu familia, mujer, hijos, y sobre todo la Madre, por que para una Madre, aunque seas el Presidente de La República, para ella seguirás siendo su niño, y eso es un cable a tierra. Me recuerda de otra de tus reflexiones «de que estamos hechos»
    Los valores son nuestros “innegociables”. Son aquellos atributos que bajo ninguna circunstancia podemos negociar. Y es que cuando los negociamos siempre nos va mal. Cuando ponemos en juego nuestros valores, renunciamos a lo más intimo de nosotros mismos.

    Un abrazo

  5. Fundamental este tipo de reflexiones para todos aquellos que hemos crecido con el «sueño americano» de referencia, y donde últimamente las redes sociales comienzan a ser baremo de éxito, cuando realmente existen muchas oscuridades e infelicidades tras las supuestas bonanzas de likes e impactos.

    Enorme post.

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